Cámara Primera del Crimen condenó a 14 años de prisión a José Evaristo Chávez Aguilar

La Cámara Primera del Crimen de Bariloche condenó a José Evaristo Chávez Aguilar, a la pena de catorce años de prisión, al considerarlo autor penalmente responsable del delito de Homicidio cuya víctima resultara David Ezequiel Oyarzo de 13 años de edad, hecho por el que fuera objeto de requisitoria fiscal y juicio, con costas. Ordenó asimismo practicar el cómputo de pena, comunicar y remitir copias pertinentes al Juzgado de Ejecución para el debido cumplimiento de la pena impuesta.

Cabe señalar que oportunamente el Fiscal Eduardo Fernández imputó al ahora condenado el hecho ocurrido el día 6 de noviembre de 2014, estimativamente a la hora 23, en convergencia intencional y junto a otros dos sujetos de sexo masculino no identificados.

En la oportunidad, ingresó sin autorización y portando una escopeta recortada al domicilio de Natalia Wagner, sito en calle Miramar y Beschtedt del barrio 28 de abril, sector tomas, de esta ciudad.

En el interior de la vivienda se encontraban David Ezequiel Oyarzo de 13 años de edad y otras personas. José Chávez Aguilar y sus acompañantes, obligaron al niño David a salir de la morada. Puntualmente, uno de los sujetos que acompañaba a Chávez Aguilar, tomó de las ropas a Oyarzo y lo retiró por la fuerza del inmueble a pesar de la resistencia que opuso el menor. Luego de ello Chávez Aguilar y sus acompañantes le dieron muerte a David Ezequiel Oyarzo en la cantera municipal, precisamente en el lugar donde fue habido su cadáver. Para ello Chávez le disparó al menor, con la escopeta calibre 16 que llevaba, lo hizo a muy escasa distancia, tan es así que fue habido en el interior del cadáver el taco del cartucho . El disparo ingresó por la zona escapular derecha de la víctima, produjo una intensa hemorragia, lesiones pulmonares y a los grandes vasos sanguíneos, lo que causó el fallecimiento inmediato del menor.

Luego de realizar u detallado análisis de las distintas medidas probatorias llevadas a cabo en las distintas jornadas de las audiencias orales y públicas, entre las que se destacan pluralidad de declaraciones testimoniales, y analizados también los alegatos oportunamente formulados por las partes, se ha consignado en la sentencia: "...Estas consideraciones me permiten tener por acreditado el hecho como para que José Evaristo Chávez Aguilar, merezca el reproche condenatorio que propugna el Acusador Público. La falta de dolo que la Defensa Técnica dice no existir o al menos que no ha sido probada, no es tal, por el contrario. Sabido es que la jurisprudencia ha exigido la acreditación de la intención de causar la muerte. Compartiendo lo asentado y específicamente en el caso de autos, esa exigencia, la de la subjetividad de la intención de matar, afirmo categóricamente que está acreditada en el accionar del prevenido.

Para sostener el extremo de que ha existido intención de matar o propósito de quitarle la vida a David Oyarzo, me baso en la irrupción intempestiva en el domicilio de la Natalia W., por parte de José Evaristo Chavez Aguilar, haciéndolo con una escopeta en la mano y obligando al menor a salir de la vivienda. Esta circunstancia es un ingrediente que denota una intención final. Como adelantara, y aún barajando que pudiera haber una o dos personas mas que acompañaran al imputado, siempre fue éste el que llevaba no sólo el arma, sino también la voz de mando.

En otro tramo el voto rector señala "...un llamativo y elocuente pasaje de la Audiencia de Debate, donde el imputado espontáneamente en su declaración indagatoria y a viva voz dijo "porque Natalia me acusa a mi, que me la traigan y que en la cara me diga eso.....si éramos tres, cómo sabe que yo lo maté"?. Reitero, dijo “...si éramos tres...”. Con estas expresiones, quizás como un traspié de su versión, está asintiendo su presencia al momento del hecho y rebatiendo todo el empeño que puso su entorno que pretendían alejarlo de la escena del crimen.

En lo que atañe a la responsabilidad de José Evaristo Chávez Aguilar cabe señalar que al examen del Psicólogo Forense se presentó sano, lúcido, en condiciones de aptitud para comprender sus actos y dirigir su conducta. El desarrollo del hecho exhibe que tenía conciencia plena. Se aclaró que no surge indicio alguno de causal de inculpabilidad o de justificación. Por ello se justifica la condena.

 

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