Relato en primera persona (por ENRIQUE MINETTI)

Fuga de la cárcel de Punta Carretas

enrique minetti

Hacía mucho frío esa tarde en Montevideo. Nos detuvimos frente a la casa de la calle Solano García 2535. En instantes se abrió la puerta y vino hacia nosotros muy abrigada,  con guantes y gorro de lana, la dueña de casa, Serrana Auliso.

Se acercó con muy buena predisposición y una sonrisa amable, nos saludó y frotándose las manos por el frío empezó a contarnos una historia conmovedora con una sencillez admirable, si tenemos en cuenta el hecho del que se trata.

- Un día a la tardecita -dijo- (ese día fue el seis de septiembre de 1971) golpearon la puerta de casa, yo estaba con mi madre. Al abrir nos encontramos con dos muchachos, uno era un vecino, lo que hizo que no sospecháramos de nada, el otro tenía un estetoscopio colgando del cuello como lo llevan los médicos.

Nos pidieron pasar para usar el teléfono dado que tenían una urgencia, a lo que accedimos. Una vez franqueada la entrada nos dijeron que pertenecían a los Tupamaros, - Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) cuyo nombre parece derivarse de las novelas de Eduardo Acevedo Díaz, escritor realista de finales del siglo XIX, la palabra tenía su origen en la sublevación indígena que había ocurrido en el Virreinato del Perú en 1780, encabezada por el líder indígena José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, y que fue reprimida bestialmente por los españoles- (1). Y que tendríamos que colaborar con ellos.

Nos llevaron a una casa que daba a los fondos de la nuestra y que estaba desocupada. Allí había un muchacho que nos vigilaba, eso duró aproximadamente diez horas. Nos trataron muy bien, en ningún momento ejercieron violencia sobre nosotras.

La persona que nos vigilaba tenía una radio o receptor con el que interceptaban las comunicaciones de la policía porque para distraer su atención y mantenerlos ocupados, habían provocado un disturbio en el barrio La Teja. Era una noche horrible, no paraba de llover.

A eso de las doce de la noche me van a buscar y me llevan al living, yo no podía creer lo que estaba viendo. Habían corrido los muebles, había tierra acumulada por todos lados y mucha gente. No entendía nada. Sonó el teléfono. Me hicieron atender y que dijera algo como una clave, luego me quitaron el tubo y no supe nada más. Me llevaron de nuevo a la casa de atrás.  

Ocurrió que los presos políticos del penal de Punta Carretas que estaba justo enfrente de mi casa, -una vez cerrado el penal, el predio fue vendido a un consorcio inmobiliario italiano, que terminó convirtiéndolo en el actual Punta Carretas Shopping Center- (2) hicieron un túnel que pasaba por debajo de la calle y terminaba en el living de mi casa. Sacaron nueve baldosas, tres de cada lado y por allí fueron saliendo uno a uno. Como el hueco era bastante pequeño los que estaban en mi casa los agarraban de los brazos y los tiraban hacia arriba, mientras los que estaban en el túnel los empujaban.

El que llevaba el estetoscopio colgado del cuello lo utilizó, apoyándolo en el piso, para escuchar los golpes que daban los que estaban en el final del túnel para determinar el lugar exacto dónde levantar las baldosas.

Después, supimos que se fugaron esa noche 111 detenidos, 106 Tupamaros y 5 presos comunes.

En la casa de atrás, se cambiaban de ropa y se iban en distintos vehículos que los venían a buscar. A las cinco de la mañana la evasión había terminado.

Nos dijeron que esperáramos media hora y que después, para no tener problemas,  llamáramos a la policía. A las 5 y 30 llamamos avisando que se habían fugado los Tupamaros de la cárcel de Punta Carretas y que nos habían tenido secuestradas durante diez horas. Me pareció que no nos creyeron, nos dijeron que nos tranquilizáramos y que ya vendrían para acá.

Entusiasmada -sigue contándonos Serrana- que ella tiene una enfermedad cerebral y que con el tiempo se enteró que aquél muchacho que golpeó su puerta con el estetoscopio colgando del cuello quería ser médico y como en Uruguay no se lo permitieron, estudió y se recibió en el extranjero y que en la actualidad es un brillante neurocirujano de su país, el Dr. Henry Engler. Varias veces intentó que la atendiera y, por diversos motivos, no se pudo concretar la visita, lo que ella interpretó como que no la quería atender y no insistió más.

Pero, un día de esos, alguien volvió a golpear su puerta en Solano García 2535. Era el Dr. Henry Engler quien concluyó sus estudios de medicina en Suecia, constituyéndose en un investigador de primera línea en el área de la Neurociencia.​ Fue reconocido por sus investigaciones en torno a la Enfermedad de Alzheimer. Su equipo de trabajo estaba ubicado en la Universidad de Upsala (Suecia), conformado por eminentes investigadores como el Dr. Bengt Långström. Engler es autor de artículos científicos publicados en revistas internacionales como Science y Discovery. Especialista en medicina nuclear, fue director médico del Centro PET Uppsala Imanet y trabajó como médico de consulta en el Hospital Universitario de Upsala, Suecia. Pese a tan brillante carrera, decidió regresar al Uruguay para volcar sus conocimientos en su país. Actualmente es Director General del Centro Uruguayo de Imagenología Molecular (CUDIM) en Montevideo.

Engler es reconocido en su país por su trayectoria y fue nombrado Profesor por la Facultad de Medicina y la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República Oriental del Uruguay (UdelaR). En 2006 Engler fue designado por la UdelaR director académico de un proyecto para instalar la técnica PET en Uruguay y por el Poder Ejecutivo como presidente de la Comisión para implementar dicho proyecto (Centro Universitario de Imagenología Molecular).

Aquel muchacho con el estetoscopio colgado en su cuello, convertido en el Dr. Henry Engler, una eminencia científica, que ayudó a escapar del Penal de Punta Carretas a sus compañeros presos, entre ellos al ex presidente José Mujica y a Eleuterio Fernández Huidobro ministro de Defensa, de Uruguay; casi 50 años después, no olvidó a Serrana Auliso, volvió a golpear su puerta. Hoy, es su paciente.

(1) Nota del autor.

(2) Nota del autor.

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