"Nuestra Maldita Policía"

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    Destacamento policial de Chichinales

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    Matías Lamela (Comisionado de Fomento de Chelforó)

La frase “Maldita policía” se acuñó para referirse a la policía bonaerense, una de las fuerzas policiales más cuestionadas por casos de corrupción, pero no fue raro que esta frase terminara siendo usada para aludir a otras fuerzas, como nuestra policía rionegrina…

El día 02 de junio del corriente año me tocó ser testigo y víctima de nuestra “maldita policía”.

Transitando la ruta 22 desde Chelforó hacía General Roca, -como hago casi a diario para realizar gestiones y compras, a veces hasta dos al día, ya que me encuentro a cargo de una institución, la Comisión de Fomento de Chelforó-, fui demorado por una agente en la caminera de Chichinales.  

Lo que parecía un control de rutina se convirtió en el más repudiable acto de discriminación.

Junto a mi viajaba mi compañera de vida y dos muchachos que trabajan como albañiles. La agente en cuestión me solicita el carnet de conducir, la tarjeta verde y seguro. Todo en orden por supuesto, pero fijó su atención en mis acompañantes y de mala manera solicitó sus documentos. Le hago saber que son albañiles, que trabajan con nosotros y dado que me dirijo a Gral. Roca y ellos a Villa Regin, ofrecí llevarlos. Además le aclaré que iba con el horario justo, -ya que tenía que estar en mi lugar de destino antes de las 17:30 hs.-, que es un vehículo oficial el que está reteniendo y en especial, pregunto si había algún problema con los muchachos, ya que sólo a ellos solicitó los DNI. En esta parte vale aclarar que los albañiles no habían tenido tiempo de asearse y cambiarse la ropa de trabajo. La agente me comunica que es un procedimiento de rutina, a mí ya me parecía un procedimiento por “portación de rostro”, como le decimos en el barrio los que alguna vez sufrimos del acoso policial.

Hay veces que los planetas se alinean para cosas buenas, y otras en que esos alineamientos sólo traen problemas y más problemas. Era uno de esos días de problemas, y ahí estábamos, a la orilla de la ruta mientras los policías debatían en una oficina qué hacer con los dos peligrosos albañiles que habían capturado gracias a su infalible “detector de rostros sospechosos”. Hacía frío y quería llegar a Roca a tiempo, cuando mis ocasionales acompañantes, para sumarle más dramatismo a la cara de la agente, dicen no tener con ellos los DNI, que los olvidaron en la obra en la que trabajan... Reclamo la documentación del vehículo y me la niegan. Les digo que no me la pueden retener si está en orden, y me responden que no la están reteniendo, sólo no me la están entregando. Me cierran la puerta en la cara y no me permiten ingresar a la oficina.

Pasan los minutos y seguimos varados, yo sin poder continuar mi viaje y mis acompañantes dando explicaciones. Dónde trabajan, con quién trabajan, de dónde son y hacia dónde van. Les hacen mostrar las palmas de las manos para convencerse que son albañiles, ya que sus palabras y sus ropas salpicadas de cemento y cal no alcanzaban para demostrar el oficio. Mucho menos mi palabra.

Corre el tiempo y la impotencia me quema la garganta, tengo que vomitar una pregunta a los agentes… ¿Por qué?... ¿Por qué solo a ellos les piden la documentación? ¿Por viajar con la ropa sucia de trabajar? ¿Por ser morochos en una sociedad en que el color de piel parece implicar pertenencia a determinada clase social? Mi compañera y yo somos morochos, pero tuvimos el tiempo suficiente para asearnos y cambiar nuestras ropas, ellos no, porque estaban haciendo lo que saben hacer, construir con cemento y cal.

Quizá el error que cometieron fue ser obreros en una meritocracia, pero acaso ¿los policías no son clase baja y media baja al servicio de las clases dominantes? ¿Acaso los policías no son obreros de la represión? Me viene a la mente algo que leí hace algún tiempo y que no logro recordar enteramente, algo como que los policías son pobres represores de pobres. ¿Cuándo reprimen a los ricos, a los poderosos? Los hechos parecen demostrarlo.

Pierdo la noción del tiempo, y caigo en la cuenta de lo que realmente sucede, nuestra “maldita policía” tiene prejuicios. Prejuicios del morocho, del obrero sucio de trabajo duro, del chico con visera. Prejuicio del que “porta rostro”.

Nuestra maldita policía prejuzgando. Sí, la maldita policía que está sospechada de hacer desaparecer a Daniel Solano, por reclamar mejores condiciones de trabajo para él y sus compañeros. La maldita policía que está sospechada de encubrir una organización de secuestro y prostitución de menores descubierta durante la investigación por la desaparición de Otoño Uriarte. La maldita policía que está sospechada de secuestrar y asesinar a uno de sus propios integrantes, Lucas Muñóz. La maldita policía que tiene dentro de sus fuerzas agentes sospechados de robarse a sí mismos, como el robo a la Unidad Canina de Gral. Roca, donde un arma se perdió.

Se hace tarde y sé que no llegaré a tiempo, pero no quiero ser egoísta y dejar de preocuparme por mis acompañantes. Porque si dejamos de ocuparnos por los demás estaremos siendo cómplices del prejuicio que supuran los “canas”, como les decimos en el barrio.

No me queda más que esperar, y la espera da sus frutos.

Viene el oficial a cargo y me devuelve la documentación. En la ruta, a 30 metros los caballos cruzan de una banquina a otra y los autos los esquivan, hacen sonar las bocinas para ahuyentar a los animales. La agente que nos detuvo observa sonriente, con una mueca burlona. Parece no importarle el peligro que representan tres caballos cruzando el pavimento.

Subo al vehículo, le clavo la mirada a los ojos tratando de comprender su modo de proceder. Pienso miles de cosas para decirle, pero no quiero poner en duda mi educación cuestionando la de los demás, mucho menos la de esta agente, que sólo está haciendo lo que el aparato represor le enseñó a hacer y le paga por hacer, prejuzgar, discriminar, reprimir…

Matías Lamela
Comisionado de Fomento de Chelforó

Río Negro, domingo 4 de junio de 2017

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