Por Matías Chironi

Con vida lo llevaron, con vida lo queremos

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La desaparición de personas moviliza e interpela porque tenemos una historia dolorosa que nos marcó a fuego como Sociedad. Lo preocupante es que hay un mecanismo que se repite y aparece continuamente: la instalación sistemática de obstaculos y “sentidos comunes” que aseguran la vigencia de la impunidad.

De esa manera, al desviar el sentido, los motivos y el origen de la desaparición, se entremezclan y confunden las responsabilidades. Así entran en consideración cuestiones que no hacen al caso como por ejemplo cómo se vestía, cómo pensaba o qué hacia la víctima. Esa estrategia no es inocente, todo lo contrario.

El presente y la desaparición forzada de Santiago Maldonado desnudan con claridad esa mecánica. En primer lugar porque hay una clara intención de minimizar la intervención del Estado con una comparación errónea. A Jorge Julio Lopez lo desaparecieron fuerzas relacionadas con los represores y asesinos de la ultima dictadura civico-militar en perjuicio de la acción del Estado que justamente los estaba juzgando. Santiago Maldonado desaparece en un contexto de represión del Estado a través de Gendarmería y con la presencia del Jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad Pablo Nocetti.

En segundo lugar se incorporan elementos que hacen al contexto particular de la victima, su solidaridad y las reinvindicaciones del pueblo mapuche que nada tienen que aportar al hecho de su desaparición forzada. Por ejemplo, que Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) haya provocado atentados (la mayoría a cientos de kilometros de Cushamen) no prueba absolutamente nada acerca de la vida de Santiago.

Tercero, tanto la desaparición de Lopez como de Maldonado tienen un claro mensaje político y funcionan como amenaza explicita. En el caso de Jorge Julio Lopez hacia quienes se atreven a denunciar los crimenes de lesa humanidad y en el caso de Santiago Maldonado hacia quienes protestan contra las injusticias.

La cuarta consideración tiene estrecha relación con la diferenciación entre la desaparición por motivos ideologicos, sociales, raza o credo (que es eminentemente política) y las desapariciones relacionadas con las mafias o los delitos comunes (trata de personas, explotación laboral, narcotráfico, homicidios, etc.). Esta diferenciación no pretende menospreciar ni banalizar entre un tipo u otro, sino que intenta distinguir que no es lo mismo una desaparición originada desde la propia acción del Estado a una producida por su inacción. Por supuesto que hay casos en que se dan en simultaneo, es decir, la inacción o directamente la complicidad del Estado favorece que las mafias desaparezcan personas y posteriormente contribuye con los mecanismos de impunidad. Un caso muy cercano para los rionegrinos es el de Daniel Solano.

Por último, la responsabilidad del Estado es poner todas las herramientas posibles a disposición de la búsqueda de la verdad, por más contradictoria o contraria sea a los intereses de quienes detentan el poder. Por eso, y aunque le cueste montones, debe prescindir de la afrenta personal y/o política, mucho mas de las suspicacias. En otras palabras, las energías deben estar concentradas en la aparición con vida.

 

Santiago Maldonado es la síntesis concreta, actual y dolorosa de lo que nos pasa y lo que nos pasó. Por eso, hoy, ya, la preocupación es por su vida. Ni más ni menos. 

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